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lunes, 12 de octubre de 2020

De Rubén Darío en AZUL... LA NINFA Cuento parisiense.

 



RUBÉN DARÍO 


AZUL





 LA NINFA


CUENTO PARISIENSE


En el castillo que últimamente acababa de adquirir Lesbia, esa actriz caprichosa y endiablada que tanto ha dado que decir al mundo por sus extravagancias, nos hallábamos a la mesa hasta seis amigos. Presidía nuestra Aspasia, quien a la sazón se entretenía en chupar como niña golosa, un terrón de azúcar húmeda, blanco entre las yemas sonrosadas. Era la hora del chartreuse. Se veía en los cristales de la mesa como una disolución de piedras preciosas, y la luz de los candelabros se descomponía en las copas medio vacías, donde quedaba algo de la púrpura del borgoña, del oro hirviente del champaña, de las líquidas esmeraldas de la menta.

Se hablaba con el entusiasmo de artistas de buena pasta, tras una buena comida. Éramos todos artistas, quien más, quien menos, y aún había un sabio obeso que ostentaba en la albura de una pechera inmaculada, el gran nudo de una corbata monstruosa.

Alguien dijo: –¡Ah, sí, Fremiet! –Y de Fremiet se pasó a sus animales, a su cincel maestro, a dos perros de bronce que, cerca de nosotros, uno buscaba la pista de la pieza, y otro, como mirando al cazador, alzaba el pescuezo y arbolaba la delgadez de su cola tiesa y erecta. ¿Quién habló de Mirón? El sabio, que recitó en griego el epigrama de Anacreonte: «Pastor, lleva a pastar más lejos tu boyada, no sea que creyendo que respira la vaca de Mirón, la quieras llevar contigo».

Lesbia acabó de chupar su azúcar, y con una carcajada argentina: –¡Bah! Para mí los sátiros. Yo quisiera dar vida a mis bronces, y si esto fuera posible, mi amante sería uno de esos velludos semidioses. Os advierto que más que a los sátiros adoro a los centauros; y que me dejaría robar por uno de esos monstruos robustos, sólo por oír las quejas del engañado, que tocaría su flauta lleno de tristeza.


El sabio interrumpió:

–¡Bien! Los sátiros y los faunos, los hipocentauros y las sirenas, han existido, como las salamandras y el ave Fénix.

Todos reímos, pero entre el coro de carcajadas, se oía irresistible, encantadora, la de Lesbia, cuyo rostro encendido, de mujer hermosa, estaba como resplandeciente de placer.

–Sí –continuó el sabio–, ¿con qué derecho negamos los modernos hechos que afirman los antiguos? El perro gigantesco que vio Alejandro, alto como un hombre, es tan real como la araña Kraken, que vive en el fondo de los mares. San Antonio Abad, de edad de noventa años, fue en busca del viejo ermitaño Pablo, que vivía en una cueva. Lesbia, no te rías. Iba el santo por el yermo, apoyado en su báculo, sin saber dónde encontrar a quien buscaba. A mucho andar, ¿sabéis quién le dio señas del camino que debía seguir? Un centauro, medio hombre y medio caballo –dice un autor– hablaba como enojado; huyó tan violentamente, que presto, le perdió de vista el santo; así iba galopando el monstruo, cabellos al aire y vientre a tierra.

En ese mismo viaje, San Antonio vio un sátiro «hombrecillo de extraña figura, estaba junto a un arroyuelo, tenía las narices corvas, frente áspera y arrugada, y la última parte de su contrahecho cuerpo remataba con pies de cabra».

–Ni más ni menos –dijo Lesbia–, ¡M. de Cocureau, futuro miembro del Instituto!

Siguió el sabio:

–Afirma San Jerónimo que en tiempo de Constantino Magno se condujo a Alejandro un sátiro vivo, siendo conservado su cuerpo cuando murió.

Además, viole el emperador en Antioquía.

Lesbia había vuelto a llenar su copa de menta, y humedecía la lengua en el licor verde como lo haría un animal felino.

–Dice Alberto Magno, que en su tiempo cogieron a dos sátiros en los montes de Sajonia. Enrico Zormano asegura que en tierras de Tartana había hombres con un solo pie, y un solo brazo en el pecho. Vincencio vio en su época un monstruo que trajeron al rey de Francia; tenía cabeza de perro; (Lesbia reía) los muslos, brazos y manos tan sin vello como los nuestros (Lesbia se agitaba como una chicuela a quien hiciesen cosquillas); comía carne cocida y bebía vino con todas ganas.

–¡Colombine! –gritó Lesbia. Y llegó Colombine, una falderilla que parecía un copo de algodón. Tomóla su ama, y entre las explosiones de risa de todos:

–¡Toma, el monstruo que tenía tu cara!

Y le dio un beso en la boca, mientras el animal se estremecía e inflamaba las naricitas como lleno de voluptuosidad.

–Y Filegón Traliano –concluyó el sabio elegantemente– afirma la existencia de dos clases de hipocentauros: una de ellas como elefantes. Además...

–Basta de sabiduría –dijo Lesbia. Y acabó de beber menta. Yo estaba feliz. No había despegado mis labios. –¡Oh! –exclamé– ¡para mí las ninfas! Yo desearía contemplar esas desnudeces de los bosques y de las fuentes, aunque como Acteón, fuese despedazado por los perros. Pero las ninfas no existen.

Concluyó aquel concierto alegre, con una gran fuga de risas, y de personas.

¡Y qué! –me dijo Lesbia, quemándome con sus ojos de faunesa y con voz callada como para que sólo yo la oyera–, ¡las ninfas existen, tú las verás!

                                                -------

Era un día primaveral. Yo vagaba por el parque del castillo, con el aire de un soñador empedernido. Los gorriones chillaban sobre las lilas nuevas, y atacaban a los escarabajos que se defendían de los picotazos con sus corazas de esmeralda, con sus petos de oro y acero. En las rosas el carmín, el bermellón, la onda penetrante de perfumes dulces; más allá las violetas, en grandes grupos, con su color apacible y su olor a virgen. Después los altos árboles, los ramajes tupidos llenos de mil abejeos, las estatuas en la penumbra, los discóbolos de bronce, los gladiadores musculosos en sus soberbias posturas gímnicas, las glorietas perfumadas cubiertas de enredaderas, los pórticos, bellas imitaciones jónicas, cariátides todas blancas y lascivas, y vigorosos telamones del orden atlántico, con anchas espaldas y muslos gigantescos. Vagaba por el laberinto de tales encantos cuando oí un ruido, allá en lo oscuro de la arboleda, en el estanque donde hay cisnes blancos como cincelados en alabastro, y otros que tienen la mitad del cuello del color del ébano, como una pierna alba con media negra.

Llegué más cerca. ¿Soñaba? ¡Oh, Numa! Yo sentí lo que tú, cuando viste en su gruta por primera vez a Egeria.

Estaba en el centro del estanque, entre la inquietud de los cisnes espantados, una ninfa, una verdadera ninfa, que hundía su carne de rosa en el agua cristalina. La cadera a flor de espuma parecía a veces como dorada por la luz opaca que alcanzaba a llegar por la brecha de las hojas. ¡Ah!, yo vi lirios, rosas, nieve, oro; vi un ideal con vida y forma, y oí entre el burbujeo sonoro de la linfa herida, como una brisa burlesca y armoniosa, que me encendía la sangre.

De pronto huyó la visión, surgió la ninfa del estanque, semejante a Citerea en su onda, y recogiendo sus cabellos que goteaban brillantes, corrió por los rosales, tras las lilas y violetas, más allá de los tupidos arbolares, hasta ocultarse a mi vista, hasta perderse, ¡ay!, por un recodo; y quedé yo, poeta lírico, fauno burlado, viendo a las grandes aves alabastrinas como mofándose de mí, tendiéndome sus largos cuellos en cuyo extremo brillaba bruñida el ágata de sus picos.

Después, almorzábamos juntos aquellos amigos de la noche pasada; entre todos, triunfante, con su pechera y su gran corbata oscura, el sabio obeso, futuro miembro del Instituto. Y de repente, mientras todos charlaban de la última obra de Fremiet en el salón, exclamó Lesbia con su alegre voz parisiense:

–¡Té!, como dice Tartarín: ¡el poeta ha visto ninfas!…

La contemplaron todos asombrados, y ella me miraba, me miraba como una gata, y se reía, como una chiquilla a quien se le hiciesen cosquillas. 


                                    ----------------


(De la edición RUBÉN DARÍO AZUL Imprenta y litografía Excelsior. Valparaíso. 1888)
















Rubén Darío

1867-1916

Nicaragua

"Príncipe de las letras castellanas"

domingo, 11 de octubre de 2020

ACERCÁNDOTE A RUBÉN DARÍO, LÍDER Y SÍMBOLO DEL MODERNISMO HISPANO. (2020) por JJPérezAcosta

 




Rubén Darío (1867-1916)



Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, nació y murió en Nicaragua, concretamente vio la luz en Metapa el 18 de enero de 1867 para dejarla de ver en León, el 6 de febrero de 1916.


Fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, tal vez, el poeta que ha tenido más influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispano. Es llamado «príncipe de las letras castellanas».


De joven demostró su gran capacidad intelectual y artística en el ámbito literario. Desde sus años de estudio en la capital, Managua, le seguiría una vida llena de viajes y largas estancias en numerosos países de América y de Europa. Su relación con el ambiente diplomático y literario así se lo facilitó. Por ello tuvo innumerables encuentros y amistades a lo largo de toda su vida y siempre gozó de gran fama entre intelectuales y clases populares.


Además de en Nicaragua, vivió en casi todos los países de Centroamérica, en Chile, Argentina, Uruguay, Cuba, Estados Unidos, España y Francia.


En España, Darío despertó la admiración de poetas defensores del Modernismo como Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán y Jacinto Benavente entre otros.


En los primeros años del siglo XX, Darío fijó su residencia en París y alcanzó cierta estabilidad. En 1902, Darío conoció a un joven poeta español, Antonio Machado, declarado admirador de su obra. En marzo de 1903 fue nombrado cónsul de Nicaragua, lo cual le permitió vivir con desahogo económico. Luego sería también embajador en Madrid.


Tras abandonar la diplomacia, se trasladó de nuevo a París, donde se dedicó a preparar nuevos libros. Por entonces, su alcoholismo le causaba frecuentes problemas de salud, y crisis psicológicas, con episodios de exaltación mística y con una marcada obsesión por  la muerte.


Al estallar la Primera Guerra Mundial, partió hacia América, para defender el pacifismo, e instalarse definitivamente en Nicaragua. Llegó a la ciudad de su infancia, León, el 7 de enero de 1916, y murió menos de un mes después, el 6 de febrero. Las honras fúnebres duraron varios días y fue sepultado en la Catedral de León.


El archivo de Darío fue donado por su familia al gobierno de España en 1956 y ahora está en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid.


La poesía de Darío


Destaca con sus obras fundamentales: Azul... (1888), Prosas profanas y otros poemas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905).


Azul... (1888), considerado el libro inaugural del Modernismo hispanoamericano, recoge tanto relatos en prosa como poemas, cuya variedad métrica llamó la atención de la crítica. Presenta ya algunas preocupaciones características de Darío, como la expresión de su insatisfacción ante la sociedad. En 1890 vio la luz una segunda edición del libro, aumentada con nuevos textos, entre los cuales se añadiría una serie de sonetos en alejandrinos.


La etapa de plenitud del Modernismo y de su obra poética destaca en Prosas profanas y otros poemas, colección de poemas en las que la presencia de lo erótico es más importante, y donde no faltan los temas esotéricos. En este libro están ya todas sus imágenes exóticas: la Francia del siglo XVIII, Italia, la España medieval, la mitología griega, etc.


En 1905, Darío publicó Cantos de vida y esperanza, obra más intimista y reflexiva ,aunque sin renunciar al ideario modernista. Simultáneamente, produce su “poesía cívica”, línea que se acentuará en El canto errante (1907) y en Canto a la Argentina y otros poemas (1914).

El sesgo intimista de su obra se acentúa. En cambio, en Poema del otoño y otros poemas (1910), se muestra una sencillez formal sorprendente.


No todos los poemas de Darío fueron recogidos en libros en vida del poeta. Muchos, aparecidos en publicaciones periódicas, fueron recopilados después de su muerte.


RECURSOS FORMALES


Métrica

    Para él, como para todos los modernistas, la poesía era música. De ahí que concediese una enorme importancia al ritmo. Su obra supuso una revolución en la métrica castellana. Junto a la basada en el octosílabo y el endecasílabo, Darío empleó versos poco frecuentes, o en desuso, el eneasílabo, el dodecasílabo y el alejandrino.


    Darío es el mayor y mejor exponente de la adaptación de los ritmos de las literaturas clásicas a la lírica hispánica. Mientras cultiva los ritmos tradicionales, también dará forma a los propios.


Léxico


    Destaca por la renovación del lenguaje poético, presente en sus poemas. Gran parte del vocabulario se encamina a la creación de efectos exóticos. Destacan los campos semánticos que traslucen un exquisito refinamiento.


    Con frecuencia introduce cultismos del latín o griego y neologismos de propia creación, con personajes y elementos mitológicos.


Figuras retóricas


    Una de las figuras destacada en la obra de Darío es la sinestesia, mediante la cual se logra asociar sensaciones propias de distintos sentidos: en especial la vista (la pintura) y el oído (la música).


Símbolos


    El símbolo más característico de la poesía de Darío es el cisne, identificado con el Modernismo. Su presencia será obsesiva. Otros menos recurrentes serán : el centauro, la mariposa o el pavo real y el frecuente ambiente en azul. En su poesía también se suceden imágenes espaciales: parques, jardines y torres, símbolos para expresar su vida interior, muchas veces marcada por el aislamiento.


TEMAS:


Erotismo

    Se trata del tema esencial de su obra poética, al que todos los demás están subordinados. Es un erotismo sensorial, cuya finalidad es el placer. Al contrario que otros poeta en la tradición literaria, no se deja asociar con una “amada ideal”, sino con amores coyunturales.


Exotismo

    Ese erotismo se desarrolla en escenarios exóticos, lejanos en el espacio y en el tiempo. Esto se interpretará en los poetas modernistas como rechazo a la cotidianidad.  La poesía de Darío (salvo en los poemas cívicos, Canto a la Argentina, o Oda a Mitre), excluye la actualidad en que vive.  Mientras se centra en escenarios remotos: en la mitología de la antigua Grecia, la Francia galante del siglo XVIII, Italia, la Alemania del Romanticismo, España, China, Japón, la India y el Israel bíblico. También merece destacarse en su poética una imagen idealizada de las civilizaciones precolombinas.


Ocultismo

    Pese a su apego por lo sensorial, reflexiona sobre la existencia y el sentido de la vida. Su religiosidad se aparta de la ortodoxia para refugiarse en el sincretismo del fin de siglo, que mezcla influencias orientales, paganismo y corrientes ocultistas como el pitagorismo o la teosofía.


Temas cívicos y sociales

    Darío trabajó también una faceta de poeta social y cívico. Por encargo o por deseo propio, compuso para exaltar héroes y hechos nacionales, así como para criticar y denunciar los males sociales y políticos.


La prosa de Darío


    A menudo se olvida que gran parte de su producción literaria fue prosa. Un heterogéneo conjunto de escritos, la mayor parte de los cuales, se publicó en periódicos, si bien algunos de ellos fueron recopilados en libros.


Darío y el modernismo


    Darío es citado como el iniciador y máximo representante del modernismo hispánico, aunque otros habían comenzado a explorar la nueva estética antes de que publicara Azul….(1888), obra considerada fundacional para el Modernismo.


    Así y todo, no puede negarse que Darío es el poeta modernista más influyente, y el que mayor éxito alcanzó, tanto en vida como después de su muerte.


    Además, fue el primer poeta que articuló las innovaciones en una poética coherente. De forma voluntaria o no, sobre todo a partir de Prosas profanas, se convirtió en la cabeza visible del nuevo movimiento literario.


Rubén Darío y la “Generación del 98” (1898).


    Desde su segunda visita a España, Darío se llegó a ser el maestro e inspirador de un grupo de escritores, entre los que estaban Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Francisco Villaespesa, Valle-Inclán, Antonio y Manuel Machado.


Legado


    La influencia de Darío fue inmensa a principios de siglo, tanto en España como en América. Se convirtió en un poeta muy popular, cuyas obras se memorizaban en las escuelas de los países hispanohablantes y eran imitadas por cientos de jóvenes poetas. Después de la Primera Guerra Mundial, con el nacimiento de las vanguardias, los poetas volvieron la espalda a la estética modernista, que consideraban anticuada y retórica.


    Los poetas del siglo XX han mostrado hacia la obra de Darío actitudes divergentes.

                                                

                                                              

                                        JUAN JOSÉ PÉREZ  ACOSTA




Obra

Poesía (primeras ediciones)

Abrojos. Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1887.

Rimas. Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1887.

Azul.... Valparaíso: Imprenta Litografía Excelsior, 1888. Segunda edición, ampliada: Guatemala: Imprenta de La Unión, 1890. Tercera edición: Buenos Aires, 1905.

Canto épico a las glorias de Chile Editor MC0031334: Santiago de Chile, 1887.

Primeras notas, [Epístolas y poemas, 1885]. Managua: Tipografía Nacional, 1888.

Prosas profanas y otros poemas. Buenos Aires, 1896. Segunda edición, ampliada: París, 1901.

Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas. Madrid, Tipografía de Revistas de Archivos y Bibliotecas, 1905.

Oda a Mitre. París: Imprimerie A. Eymeoud, 1906.

El canto errante. Madrid, Tipografía de Archivos, 1907.

Poema del otoño y otros poemas, Madrid: Biblioteca "Ateneo", 1910.

Canto a la Argentina y otros poemas. Madrid, Imprenta Clásica Española, 1914.

Lira póstuma. Madrid, 1919.

Prosa (primeras ediciones)

Los raros. Buenos Aires: Talleres de "La Vasconia", 1896. Segunda edición, aumentada: Madrid: Maucci, 1905.

España contemporánea. París: Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1901.

Peregrinaciones. París. Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1901.

La caravana pasa. París: Hermanos Garnier, 1902.

Tierras solares. Madrid: Tipografía de la Revista de Archivos, 1904.

Opiniones. Madrid: Librería de Fernando Fe, 1906.

El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical. Madrid: Biblioteca "Ateneo", 1909.

Letras (1911).

Todo al vuelo. Madrid: Juan Pueyo, 1912.

La vida de Rubén Darío escrita por él mismo. Barcelona: Maucci, 1913.

La isla de oro (1915) (inconclusa).

Historia de mis libros. Madrid, Librería de G. Pueyo, 1916.

Prosa dispersa. Madrid, Mundo Latino, 1919.

Obras completas

Obras completas. Prólogo de Alberto Ghiraldo. Madrid: Mundo Latino, 1917-1919 (22 volúmenes).

Obras completas. Edición de Alberto Ghiraldo y Andrés González Blanco. Madrid: Biblioteca Rubén Darío, 1923-1929 (22 volúmenes).

Obras poéticas completas. Madrid: Aguilar, 1932.

Obras completas. Edición de M. Sanmiguel y Emilio Gascó Contell. Madrid: Afrodisio Aguado, 1950-1953 (5 volúmenes).

Poesías. Edición de Ernesto Mejía Sánchez. Estudio preliminar de Enrique Ardenson Imbert. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.

Poesías completas. Edición de Alfonso Méndez Plancarte. Madrid: Aguilar, 1952. Edición revisada, por Antonio Oliver Belmás, en 1957.

Obras completas. Madrid: Aguilar, 1971 (2 volúmenes).

Obras completas. Edición de Julio Ortega con la colaboración de Nicanor Vélez. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2007- ISBN 978-84-8109-704-7.





miércoles, 23 de septiembre de 2020

EL INFANTE D. JUAN MANUEL: GUERRERO, NOBLE CABALLERO Y CÉLEBRE ESCRITOR.

 


El Infante Don Juan Manuel: guerrero, noble caballero y célebre escritor.

    Don Juan Manuel (Escalona, Toledo,  5 de mayo de 1282 - Córdoba 1348), miembro de la casa real y escritor en lengua castellana, fue uno de los principales escritores de la prosa medieval de ficción, sobre todo por su obra El conde Lucanor, conjunto de cuentos con ideas morales.

    Don Juan Manuel nació en el Castillo de Escalona, situado en de Toledo. Su padre Manuel de Castilla, era hermano del rey Alfonso X el Sabio e hijo menor de Fernando III el Santo.

    Pertenecía a una familia real preocupada por la cultura y la difusión dela lengua castellana. Su abuelo Fernando III el Santo ordenó el uso del castellano en los documentos oficiales y fundó la Escuela de Traductores de Toledo, su tío Alfonso X el Sabio la impulsó e inició numerosos proyectos, y se atribuye a su tío Enrique la autoría de la primera versión de la célebre obra "Amadís de Gaula"; además, otro tío suyo ordenó traducir al castellano el libro árabe Sendebar.

    Fue educado como noble, en la equitación, la caza o la esgrima, pero sus maestros se preocuparon de que aprendiese además latín, historia, derecho y teología.

    Se casó tres veces, eligiendo a sus esposas por conveniencia política y económica y, cuando tuvo hijos, se esforzó por emparejarlos con personas pertenecientes a la realeza.

    Durante el reinado de Alfonso XI dio muestras de su carácter, cuando se enojó porque el rey no quiso casarse con su hija Constanza y le declaró la guerra con la ayuda del rey de Granada. Hechas las paces, recobró el cargo de adelantado mayor de Murcia y, ya viudo, se volvió a casar, en terceras nupcias. Tuvo otro enfrentamiento con el rey, a quien no quiso aportar sus tropa para cercar Gibraltar. Tras una nueva reconciliación, acusó al rey de no permitir que su hija Constanza se casara con el infante Pedro, futuro rey.

    Don Juan Manuel se convirtió en uno de los hombres más ricos y poderosos de su época: además de mantener él solo un ejército de mil caballeros, llegó a acuñar su propia moneda en su aldea de El Cañavate (Cuenca). Esta actividad molestó tanto a Alfonso XI como a los reyes de Aragón.

    El autor de "El conde Lucanor" compaginó durante toda su vida sus actividades como escritor y como caballero, pero en su entorno se deslizaron críticas sobre su vocación literaria, pues se pensaba que un noble de rango y prestigio no debía dedicarse a tales actividades. Pero el placer que encontraba en la escritura y la utilidad le llevaron a seguir con su actividad literaria.

    En su época el trono de Castilla estuvo ocupado por dos monarcas que llegaron a trazar planes para matarlo. Tras todas estas vicisitudes, don Juan Manuel dejó la vida política y se retiró al Castillo de Garcimuñoz, donde pasó sus últimos años entregado a la literatura. 

    Orgulloso de sus obras, decidió reunirlas todas en un volumen, que dejó en Peñafiel para que no sufrieran las alteraciones de los copistas. De don Juan Manuel se han conservado ocho obras,  además de cinco perdidas. Las conservadas son las siguientes: Crónica abreviada, Libro de la caza, Libro del cavallero et del escudero, Libro de los estados, Libro del conde Lucanor, Tratado de la Asunción de la Virgen María.

    Su obra, de carácter fundamentalmente didáctico y narrativo, está en general, impulsada por una gran preocupación sobre la adecuada formación en cuerpo, alma e inteligencia de un perfecto caballero medieval.

    Su obra maestra se considera el Libro de Patronio o Conde Lucanor, concluida en 1335, un libro que consta de una cincuentena de cuentos, precedidos de un prólogo y seguidos de cuatro breves tratados.

    Pero no sólo por eso se trata de una obra original, sino por la variedad de sus fuentes y por formar parte de la primera colección europea de género novelesco. Asimismo, se puede apreciar una originalidad en su tratamiento literario y estilístico. La variedad temática es amplísima, como lo es el origen de las fuentes.

    La estructura de los cuentos refleja el orden y la estructura social de la Edad Media. En primer lugar un joven noble, Lucanor, expone un problema que le exige resolución a su consejero Patronio. Después  él  le cuenta una historia de la que extraerá la solución. Entonces introduce unos versos que nos traen la moraleja y finalmente se expone viñeta dibujada alusiva, que desgraciadamente no se conservan.

    Este orden responde a una intención didáctica, donde realmente aparece el arte y el genio de Don Juan Manuel es en la estructura interna de los pasajes narrativos y en la descripción de personajes.

    Su estilo se caracteriza por la selección, la sobriedad y la precisión, y por una conciencia de cuidado por su producción artística.








ACTIVIDADES:

1- Lectura.

2- Subraya lo más destacado.

3- Con lo subrayado elabora un resumen.

4- Contesta:

¿De qué período histórico se trata en el texto?

¿Desde el punto de vista literario qué momento literario tratamos?

¿Cuál es la obra más destacada del llamado Infante D. Juan Manuel?

¿El autor se dedicó sólo a la literatura? Justifica la respuesta.

¿Qué estructura tienen sus obras y qué finalidad perseguían?


Fuentes:
http://dbe.rah.es/biografias/13504/don-juan-manuel
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-conde-lucanor--0/html/
http://biblioteca.cchs.csic.es/digitalizacion_tnt/pdfs/285555.pdf
https://gw.geneanet.org/lmvillena?lang=es&n=juan+manuel+principe+de+villena&oc=0&p=x



lunes, 1 de junio de 2020

ENTREVISTA DESDE LA INMORTALIDAD CON...BENITO PÉREZ GÁLDOS

    







Buscamos hoy en el madrileño Parque de El Retiro a un personaje que pasea allí su Inmortalidad y se deja ver a quién quiere verlo y cuando él quiere…

Buscamos a D. Benito Pérez Galdós, gran literato del Realismo, que triunfó en la España y América de los finales del siglo XIX y principios del XX, esperemos que lo encontremos entre esos frondosos árboles…
¿Será aquel? Sí, creo que sí… Esperemos que nos atienda...



ENTREVISTADORA- Buenas tardes, D. Benito, permítame abordarle cuando usted pasea por el parque de El Retiro rumbo a su tertulia vespertina; pero quería hablar con usted…

GALDÓS- Señorita, déjese de preguntas y charlas que no, no compró libros a distancia, ni quiero apuntarme a una ONG… Yo ya no intereso y estoy “demodé”. Bueno, como dicen ahora “snob”, fuerte majadería… Si Emilia los oyera, cómo nos reiríamos….


ENTR- Pero, por favor, D. Benito que soy una paisana… una isleña…

GALD- Peor me lo pones entonces… ¿No me atacan por allí diciendo que cuando llegué a Cádiz me limpié los zapatos del polvo de Canarias y que jamás me interesé por ellos…? Eso dijeron… Seguro que los curas y las beatas bien se procuraron de lanzar esos comentarios.

    Nunca supieron leerme, por eso me veían con muy malos ojos… En Canarias la gente es muy mimosa y siempre hay que adularla para tirar para delante… Así no se pueden ahorrar esfuerzos...


ENTR- Pero D. Benito, escúcheme un momento. Necesito hacerle esta entrevista para comer esta semana… Usted empezó como yo… ¿Usted no se llamaba republicano? ¡Usted no me puede dejar así!

GALD- Vale, vale, señorita...Véngase para este banco, y no se me ponga de isleña mimosa … Hablaré algo con usted. Entrevísteme, pero ponga las cosas como las digo y al que no le guste… Sentémonos en ese banco que se está muy bien.


ENTR- ¿Don Benito? ¿Cuántos años vivió usted? ¿Y cómo fueron sus primeros años?

GALD- No llegué a cumplir los 77, pero no me quejo. Me crié en Las Palmas, donde hice mis primeros estudios, luego pasé de isla y fui a Tenerife, más concretamente a La Laguna. En esa época sólo había un instituto en todo el Archipiélago. Luego de allí iría a estudiar a Madrid.


ENTR- ¿Cómo era el ambiente en la capital en esos años?

GALD- Para mí fue deslumbrante allí, empecé a conocer el Ateneo, los cafés de intelectuales, los teatros,… También colaboraba con periódicos locales y nacionales…


ENTR- De sus obras ¿con cuáles está más satisfecho?

GALD- ¡Ay, ay, chavalita! Me parece que poco sabe de la vida… Los dedos de la mano no son iguales, pero son de uno… Durante mi vida escribí novelas, teatro, artículos,… Escribí y eso era lo destacable.

    Recordemos que en la primera mitad del siglo XIX la novela adquirió gran interés literario y social, no sólo entretenía, sino que informaba y difundía ideas nuevas. Yo quise desde mi primera novela, “La Fontana de Oro” de 1871 hasta la última de 1915, crear un universo de personajes y ambientes coherente con lo que veía y sentía como propio. No sé si lo llegué a conseguir…


ENTR- Muchos opinan que después de Cervantes, es usted, don Benito, lo más recomendable de la literatura española…

GALD- Y otros dirán que no. Lo que sé es que la tradición literaria en lengua española es muy fecunda y, a veces, no se la valora lo debido. Quizás por falta de lecturas...


ENTR- ¿En qué genero literario se sintió más cómodo?

GALD- A mí, mientras escribiera… En principio, novelas, luego teatro y siempre artículos de periódico.

    Creo que es una obra variada. No tienen nada que ver los “Episodio Nacionales”, con los que quise hacer una crónica de la España del siglo XIX, para que conociéramos nuestra historia de forma curiosa y entretenida, con las llamadas novelas sociales o novelas de tesis, donde trato más relaciones personales y sociales, como en “Marianela” o en “Fortunata o Jacinta”, por ejemplo.

    Con el teatro también disfruté y gané mucho dinero. Recuerdo el día de la presentación de “Electra”, la muchedumbre me llevó a hombros a mi casa, parecía un torero… ¡Qué jolgorio!


ENTR- ¿Aparte del mundo literario y artístico usted se implicó bastante en la vida pública?

GALD- Sí, sí desde luego. Participé con los liberales de Sagasta. Fui diputado por Puerto Rico, cuando aún era español. Más tarde me presenté con los republicanos, incluso participé con los republicanos y socialistas en 1919. Eran mis ideas y mi forma de luchar por ellas.


ENTR- ¿Don Benito, de qué trabajo periodístico mantiene mayores impresiones?

GALD- Son muchos, pero ahora me viene a la cabeza el que publiqué en el periódico “El Liberal” el 12 de abril de 1904. Publiqué una entrevista con la reina de España Isabel II en su exilio de París. Me desplacé hasta allí. Y me fue muy agradable, sinceramente, y no me lo esperaba.


ENTR- Pues yo de esa reina apenas sé nada y lo único que he recibido son críticas y burlas. Disculpe mi ignorancia, pero lo digo claramente.

GALD- Algo te contaría, para no ser tedioso. Fue la hija del rey Fernando VII. Fernando VII, aquel que liderara a los españoles contra los invasores franceses en la célebre “Guerra de la Independencia desde 1808 a 1814” y que con su influencia ejerció un gobierno absolutista, que desoía las ansiadas reformas de los liberales y que marcó un período de gran represión entre sus opositores.

    Al morir asumió el cargo su hija, mujer y menor de edad, ingredientes perfectos para ya tener a otra media España en contra. Siempre las dos Españas… Ella gobernó con apoyo de los liberales, más bien diría que a esa niña la gobernaron los que la rodeaban .

    Querida amiga periodista, fíjese, heredera con tres años, mayor de edad con trece, sin educación formal desde entonces, casada a los dieciséis y en el exilio con solo treinta y ocho años... Todo en la vida de la Reina Isabel fue demasiado rápido.

    Ella me contó muchos entresijos que pude usar para mis “Episodio Nacionales” y para conocer mejor el país en que vivimos. Ella reconocía que recogió los defectos de los Borbones, pero alguna virtud tenía. Me recordaba que tuvo que enfrenarse a las guerras carlistas, revoluciones, corrupción y pronunciamientos militares. Pero se olvidaron que con ella aumentó la riqueza de la Nación, se difundió la cultura y se inició un despegue industrial. Pero pronto la echaron… La verdad también es que se había rodeado de una caterva de reaccionarios y visionarios religiosos que no la dejaron de presionar. También Isabel II se quejaba de que cuando más había madurado y mejor preparada estaba para gobernar se tuvo que exiliar.


ENTR- ¿Y, don Benito, cómo pasó sus últimos años de vida?

GALD- La verdad, un poco desperrado. Había vivido bien y había gastado mucho. Pero mientras me mantuviera con alguna colaboración periodística salía adelanté. Me gustó mucho que el pueblo de Madrid, aún en vida yo, me dedicara un monumento en este parque de El Retiro. Por eso aquí siempre pasearé y el que quiera, me podrá ver. Siempre que yo me deje ¡claro!

    Así que joven isleña, no se queje. A mí me gusta hablar con mis paisanos, que uno la infancia siempre la siente en el corazón y… en la barriga, por los guisos de la madre. Esa sí que es la patria: nuestro estómago…

    En Madrid sí que me quisieron, a mi sepelio asistieron miles y miles de personas. Por mis méritos pasé a la Inmortalidad y no me quejo de ello…, en absoluto.

    Ahora, por favor, quédese quietita ahí, que ya me sacó bastante para un buen jornal. Perfile sus notas escritas y continúo mi paseo por este parque.

    Adiós. Léanme y recuerdos a mi gente,…

ENTR- Gracias, don Benito.


    Y ahí nos dejó, don Benito Pérez Galdós para seguir sus paseos por la Inmortalidad.



JUAN JOSÉ PÉREZ ACOSTA

Fuentes:

http://www.cervantesvirtual.com/portales/benito_perez_galdos/

https://es.wikipedia.org/wiki/Benito_P%C3%A9rez_Gald%C3%B3s

https://www.academiacanarialengua.org/archipielago/benito-perez-galdos/

https://www.abc.es/historia/abci-olvidada-entrevista-reina-espana-mas-difamada-hecho-201912030137_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F